Permisos de maternidad y paternidad
El
Gobierno aprobó por decreto ley la equiparación de los permisos de paternidad y
maternidad en marzo de 2019. Ahora los padres (madres y padres) disponen de 16
semanas pagadas al 100%, con la intención, entre otras, de evitar la
discriminación por sexo.
El
argumento que se expuso para su aprobación era que “la maternidad no puede ser
un arma en contra del desarrollo laboral y ciudadano de las mujeres, sino una
opción libre de la mujer”. La intención ha sido reforzar la presencia masculina
en los cuidados y la de las mujeres en el mercado laboral.
Para
comprender si realmente la política pública que hemos elegido aborda con
claridad y coherencia las dimensiones de la discriminación, nos basaremos en la
metodología de las 3R:
1.
Roles: ¿cómo impacta esta política en
los roles de género? Como
bien hemos expuesto brevemente, la finalidad del Gobierno era que el ámbito de
los cuidados no estuviera reservado a las mujeres y el mercado laboral a los hombres.
Siempre son las mujeres las que son penalizadas por el hecho de ser madres,
dejando de lado su carrera profesional y centrándose en el ámbito doméstico y
de educación de su descendencia.
2.
Recursos: ¿Tiene efecto en el acceso
igualitario a recursos económicos, materiales o de otro tipo para las mujeres? Por supuesto que tiene un gran
impacto. El hecho de ser permisos no transferibles e igualitarios, obliga a que
los hombres se dediquen al cuidado de los recién nacidos en las mismas
condiciones que las mujeres. Este aspecto ha sido criticado por asociaciones de
madres y mujeres feministas, porque se considera que las mujeres necesitan más tiempo
para recuperarse después del embarazo y el parto, y que, con esta medida, se
sigue fomentando la diferenciación de roles.
3. Representación: ¿Qué papel juegan las mujeres en las decisiones y las relaciones de poder en este proyecto? Las mujeres son las protagonistas de esta medida. El embarazo y el parto, son aspectos que tienen que ver con la salud sexual-reproductiva de las mujeres y el momento de postparto y crianza son momentos de la vida de las mujeres donde se las ha dejado solas o apoyadas por otras mujeres de la familia, para que sean ellas quienes se encarguen de cuidar a mujer que acaba de dar a luz y al recién nacido.
De esta forma, al implicar a los hombres en el cuidado y la crianza en las mismas circunstancias que las mujeres, se les hace partícipes en igualdad del ámbito doméstico.
Es
cierto que esta medida ha tenido un gran impacto en la forma en la que los
hombres se relación con su familia, con sus hijos y la forma en la que se
reparten las tareas domésticas o del hogar.
El
hecho de que todos los permisos tengan la
misma duración para mujeres y hombres y sean intransferibles y estén
remunerados, permite garantizar la igualdad entre hombres y mujeres.
De
esta forma se está animando a los hombres a utilizar medidas de conciliación de
la vida laboral y familiar, porque, por fin, socialmente está valorado el ámbito doméstico al estar siendo
remunerado correctamente.
El
hecho de que sea un pago completo, hace que lo hombres quieran y puedan hacer
uso de sus permisos. La penalización, el empobrecimiento, por el hecho de ser
padres o el miedo a perder el puesto de trabajo por criar y cuidar a un recién
nacido, no debería contemplarse como una posibilidad en nuestras sociedades.
Con
esta medida, España se ha convertido,
con la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad, en el país europeo con un permiso más largo
para los progenitores hombres, remunerado al 100%.
La
situación que estábamos viviendo suponía una reducción de la maternidad y una
penalización que llevaban las mujeres por el mero hecho de ser las que gestan,
dan a la luz y son las que “mejor saben cuidar a los hijos”. Estos conceptos
están cambiando progresivamente y consiguiendo que los hombres se impliquen, se
vean reconocidos y valorados en esta faceta de su vida y que la puedan
compaginar con su día a día, como un aspecto más de su masculinidad.
Sin
embargo, hay puntos que siguen quedando sin cerrar correctamente y son que las
semanas restantes tras el nacimiento se pueden repartir conforme considere el
progenitor con la empresa y muy posiblemente se le presione para que no
desconecten del trabajo y sean las mujeres quienes vuelvan a cargar con el área
de cuidados y de renunciar a su ámbito laboral.
Las
mujeres siguen siendo las que se acogen a la media jornada tras el parto, a
pesar de ganar más que sus parejas, lo que sigue ahondando la brecha salarial y
las diferencias de género.
También
las penaliza en su trayectoria laboral, en sus posibilidades de ascenso, en su
desarrollo personal y profesional, quedando relegadas al ámbito doméstico y a
una vida de cuidados.
Creemos
que esta política de igualdad en los permisos de paternidad y maternidad fue un
auténtico giro de timón en las políticas de igualdad y permitió dar a conocer a
la población que existen nuevos modelos de familia, nuevos modelos de crianza y
nuevos modelos de pareja. Ya que esta medida no solo tiene impacto en las
parejas que pueden disfrutar de los permisos en igualdad, sino que tiene
impacto en las parejas que se están formando y que están proyectando su vida
futura.
Saben
y conocen de cerca que cuentan con el apoyo de las políticas públicas y que
cuentan con derechos que les permite organizar su vida futura y qué tipo de
modelo familiar quieren implantar.


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